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Ávila: ndignación por el último edificio de Moneo
PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO - Wednesday, August 20, 2003 00:00 dejado por TodoArquitectura - Enviarle un mail


Fuente: La Razón
Nueve de cada diez abulenses se oponen al último 'mazacote' de Moneo, denunciado por la UNESCO.

Los vecinos del casco histórico de Ávila [España] lamentan el silencio del Ministerio de Cultura, al que piden que actúe. Afirman que el edificio de viviendas de lujo diseñado por el arquitecto navarro junto a la plaza de Santa Teresa es una «vergüenza»

Rafael Moneo ha vuelto al vértice de la polémica con su proyecto de la Plaza de Santa Teresa de Ávila, que contempla la construcción de un bloque de viviendas de lujo. Un edificio por el que la Unesco ha mostrado su «preocupación» por sobrepasar las dimensiones apropiadas para el entorno histórico-artístico de la ciudad. Las quejas y las protestan se han sucedido desde que se inició la construcción. Ahora, ya cerca del fin de las obras, nadie cree posible cambiar nada. El malestar general aumenta con el hecho de que los pisos se entregarán al final de este año. El informe requerido por la Unesco será revisado en una reunión en febrero de 2004. El Ayuntamiento dice que el edificio ha pasado todos los controles y es legal.

Vista del Mercado Grande desde las murallas de Ávila, con el edificio de Moneo a la derecha y la iglesia de San Pedro al fondo

Redacción - Madrid.-
La legalidad ampara la construcción del bloque de viviendas en la Plaza de Santa Teresa de Ávila. Un inmueble legal, como no se ha cansado de repetir esta semana el alcalde en funciones de este Ayuntamiento, Félix Olmedo, que la Unesco ha pedido que se «reconsidere» para «adaptarlo al conjunto histórico» por rebasar el volumen permitido en un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. Detrás del paraguas de la legalidad se ha erigido un edificio moderno, de cinco plantas por el lado de la plaza [por detrás tiene dos más], destinado a viviendas de lujo, que sobresale en un entorno urbano acotado por la iglesia de San Pedro y las Murallas. Y esto es algo que no ha encajado muy bien la sensibilidad de los vecinos de esta ciudad. En un comercio cercano, una chica afirma: «No nos gusta. Y todo el mundo que viene dice lo mismo. No están de acuerdo». Cuando se le pregunta por las razones, no lo duda: «El dinero es el que manda»; y cuando se le pregunta por el arquitecto, tampoco: «La ha cagado».

Doce años

La remodelación de la Plaza del Mercado Grande se encargó al arquitecto Rafael Moneo, quien diseñó un proyeto original en 1991. Posteriormente se fue modificando. El portavoz socialista en esta localidad, Tomás Blanco, dijo que «en 1998 se aprobó un nuevo plan general de urbanización. Ahí se consiguió habilitar una planta más». Despues, declaró que en 1999 se juntó la obra pública [la plaza] con la de la parte privada [el edificio]: «Hacen un plan especial para la Plaza de Santa Teresa. Ahí reinterpretan el plan y ganan más volumen». La contestación a todos estos pasos fue la creación de una plataforma y una serie de manifestaciones. Alguna de ellas llegó a reunir cinco mil personas, una de las más populosas en la historia de la ciudad.
José Luis Pajares, de la Asociación de Ciudadanos por el Patrimonio de Ávila, declaró a este diario que «en este proyecto, primero no había un aparcamiento, porque la Unesco no los recomienda en zonas antiguas. No es aconsejable, lógicamente. Pero luego Moneo lo aceptó. Hace poco leí una entrevista de Moneo. Decía que no había que plegarse al mercado. Pero aquí ha consentido el parking, que el edificio que diseñó para que fuera público termine convirtiéndose en viviendas de lujo y que se rebase la altura total que había hecho en una planta más». E hizo una observación respecto al impacto del edificio: «Antes, cuando entrabas en la plaza, la muralla y la iglesia atraían la mirada. Ahora es el edificio el que se come todo y atrae la atención». Las características del edificio «no son las de un Gehry o un Toyo Ito. Es normal como el que puede haber en el barrio de cualquier ciudad», afirma Pajares, quien reconoce que esta obra nunca va a tener espacio en la Historia del Arte. De esta manera confiesa su desilusión, compartida por otros, porque la ciudad siga sin tener un gran edificio moderno de referencia.
Su descontento salpica a otras personas. Un vecino declara: «Es un mazacote. Excesivamente grande»; y el dependiente de una tienda cercana, afirma: «Lo han estropeado todo. Le han dejado hacerlo porque es el que tiene más influencia en la arquitectura». Una señora, en otra tienda, dice indignada: «Han estropeado el patrimonio de Ávila. Es una vergüenza». Cuando se menciona al Ayuntamiento, Pajares responde:«El edificio no es ilegal porque han conseguido que sea legal. Si construyen esto aquí se puede pensar que ya se puede repetir en cualquier parte, y eso no var a ser así. Es increíble que haya pasado todos los controles. Pero claro, esto se ha hecho por las razones que se han hecho».

A nadie le gusta

Pajares es consciente de que este nuevo «vecino» de la plaza disgusta: «En el fuero interno a la gente del Ayuntamiento tampoco les gusta, pero lo tienen que defender. Al 90 por ciento de la ciudad no les gusta y está enfadada». Y se hace una pregunta: ¿Para qué sirve entonces la declaración de Patrimonio del la Humanidad? «Moneo debería estar pasándolo muy mal», comentó. Mientras, el dependiente de una tienda responde que «el chapapote de Ávila», que es como llaman al edificio en la zona, debería conllevar el cambio de las personas que lo provocaron: «Por un lado protestan, en las elecciones se vota a los mismos». En uno de los extremos de la plaza se levanta la Iglesia de San Pedro. El párroco, con la prudencia como virtud, confirmó que su parroquia mantiene la misma distancia con las polémicas edificaciones actuales [junto al bloque de viviendas han levantado otro más pequeño] que la que tenía con las casas anteriores. Reconoce que la altura del edificio de viviendas es «inadecuada». Pero también esconde un reproche: «La Unesco ha llegado tarde. También hay que decirles a ellos: ¿para qué están ustedes?».



Patrimonio de la Humanidad, declaración en peligro

José Luis Pajares, de la Asociación de la Defensa del Patrimonio de Ávila, declaró a este diario que el problema del edificio de viviends de lujo diseñado por Moneo en el Mercado Grande no es que «sea moderno» sino que se levanta en la Plaza de Santa Teresa de Ávila. «Moneo es respetable, pero las personas no siempre hacemos lo mejor», dijo. Además, comentó que «la remodelación de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad hay que comunicarlo a la Unesco, y en este caso no se ha hecho. Sólo al final de abril de este año se ha enviado un breve informe y unas fotos». La Unesco, después del severo toque de atención al Ayuntamiento en el que duda de que se esté respetando la «autenticidad» de la plaza, ha solicitado la actuación del Estado y al Ayuntamiento que reconsidere la altura del edificio. Además, exige un profuso informe antes del 1 de febrero de 2004. Ésta última exigencia hace temer a la oposición en el Ayuntamiento de Ávila, PSOE e IU, que la Unesco pueda cuestionar la declaración de Ávila como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Algo en lo que no hay precedentes en España, aunque sí ha habido toques de atención a Toledo ¬reforma del Alcázar¬ y Segovia ¬construcción de una torre frente al Acueducto¬, pero en ambos casos se pudieron corregir los proyectos, que aún no se habían ni comenzado a construir. En este caso, todo es distinto, porque la advertencia llega tarde [la sección española de Icomos dió el visto bueno], ya que el edificio está casi acabado.


Un arquitecto que no deja indiferente

Viaje por los cuatro proyectos más criticados de Rafael Moneo en los últimos años: los museos de Houston y Estocolmo, el «cubo» del Prado y la catedral de Los Ángeles



Redacción - Madrid.-
Rafael Moneo no deja indiferente. Por una razón u otra, muchos de sus proyectos han sido duramente criticados. En España ¬desde el Kursaal al «Cubo» del Museo del Prado¬ casi siempre por la misma causa: el difícil equilibrio de sus proyectos con el entorno, en muchos casos patrimonio histórico o, simplemente, un centro urbano que choca con el diseño del navarro. Las protestas ¬y también los elogios, a qué ocultarlo¬ se extienden desde los Estados Unidos a Suecia.
Museo del Prado. Aunque primero fueron los cubos del Kursaal, en San Sebastián, su ampliación del Prado se ha llamado es el «cubo de Moneo» por antonomasia. El arquitecto disiente. Dice que en realidad es un edificio que envuelve y abraza al claustro de los Jerónimos. La obra, la más polémica de cuantas ha hecho, ha sufrido tantas variaciones respecto a la original que incluso Moneo ha llegado a reconocer que no es su proyecto «sino el del museo del Prado». Las críticas llegaron no sólo de los vecinos del aristocrático barrio madrileño. También hubo muchos arquitectos que se mostraron en contra de su propuesta, así como la Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Ayuntamiento de Madrid. La ampliación, que consta de un nuevo bloque y la prolongación subterránea del edificio de Villanueva, estará lista en la primavera del próximo año. Entre las modificaciones que tuvo que hacer figuran la separación de su cubo de la iglesia de Los Jerónimos y la sustitución de la cuña acristalada por un parterre en el tramo que unía el viejo edificio con la nueva construcción. El exterior será de piedra de colmenar.
El museo de Houston. En marzo de 2000, después de ocho años de obras, el Museo de Houston quedaba inaugurado. Una gran parte de la crítica especializada norteamericana se cebó con la creación del arquitecto navarro, que costó 14.500 millones de los de antes. «Es liso, un mazacote. Es mejor verlo cuando empieza la noche, aunque es demasiado elegante para ser feo», decía «The Washington Post». En general fue elogiado por su interior vanguardista y la luz natural, pero crucificado por su atenazante fachada. «The New York Times» resaltó que el edificio no gustó al público y que no pasará a la posteridad como el icono que fue el Guggenheim de Bilbao, diseñado por Frank Gehry. El crítico del «Houston Press», el arquitecto Gerald Moorhead, definió la obra de Moneo como una fortaleza «opaca y sólida». El muro dedicado a los mecenas que patrocinaron el museo es «ofensivamente grande», añadía, y las letras tienen un tamaño que no utilizaban ni los romanos en sus espectaculares edificaciones.
Museo de Arte Moderno de Estocolmo. Uno de los mayores disgustos de Rafael Moneo fue el cierre del Museo de Arte Moderno de Estocolmo a causa de una plaga de hongos venenosos que afectó tanto al sistema de ventilación como a la estructura del edificio, situado en una isla en el centro de la ciudad. Además, de infiltración de agua en zonas interiores y humedad en los pilares. «El escándalo de los hongos», como lo llamó la prensa sueca, provocó la salida de todas las obras de arte para rehabilitar el centro de Moneo, inaugurado en 1998. Los especialistas le recriminaron no haber tenido en cuenta las bajas temperaturas de la ciudad a la hora de construir. El arquitecto se hizo el sueco y echó la culpa a la empresa constructora: «Si un edificio se ha construido cuidadosamente, ese fue el museo de Estocolmo», explicó. El edificio, destinado a convertirse en la joya de la arquitectura contemporánea del país, tuvo que cerrar ante el peligro que representaba incluso para los trabajadores del centro. Con la reforma se ha aprovechado para cambiar deficiencias origianles de la construcción, poca luz en algunas salas y demasiada iluminación en otras. Actualmente, se está a la espera de que un arbitraje interno dirima quién fue el responsable del desaguisado. De momento, el Estado sueco paga. La reforma estará lista en noviembre.
Catedral de Los Ángeles. Un edificio de 101 metros de largo y 39 de altura. La mastodóntica catedral de Rafael Moneo para la ciudad de Los Ángeles, inaugurada hace un año, costó 33.000 millones de pesetas. El presupuesto suscitó críticas entre los fieles. Pero las críticas no se quedaron ahí. El edificio ¬una interpretación moderna de las misiones originarias de los católicos en California¬ tuvo muchas alabanzas, pero cosechó igualmente críticas. Fue comparado con una fortaleza y con una prisión. Algunos afirmaron que sino fuera por la enorme cruz exterior, nadie podría identificar el edificio con una iglesia. A este respecto, Moneo dijo que el estilo modernista está dictado por los diseños de las construcciones circundantes: «Vivimos una época en que los edificios no se construyen sólo alrededor del ámbito eclesiástico». Las quejas también se han dirigido a otros aspectos. «Han llenado el espacio con desafortunados detalles», publicó el «Times».


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