Revista TA 36 - Alejandro Aravena: Torres Siamesas
A
lejandro Aravena Mori ha sido premiado en diversas ocasiones: Venice Prize de la Bienal de Arquitectura de Venecia (1991), Premio Mies van der Rohe (finalista, Barcelona 2000), XII Bienal de Arquitectura de Santiago (1er Premio); Bienal de Arquitectura e Ingeniería Iberoamericana (accésit); fue elegido entre los '10 Design Vanguard Architects 2004' por Architectural Record… pero, lo que más me ha impactado de él fueron sus palabras de cuando lo entrevistara TodoArquitectura: "…yo creo que la arquitectura juega un juego peligroso desde la revolución del arte moderno en adelante, que es querer adquirir un fuero creativo, es decir: 'denme espacio para ser genio, denme aire para crear mi obra', y esa búsqueda de independencia del arte por el arte, que se jugaba desde el interior del sistema artístico mismo, tuvo que pagar el precio de la irrelevancia. Es decir, está bien, es como en Fausto: te doy libertad, te doy fuero, pero el precio que pagas es ser irrelevante. Entonces, para sustituir esta irrelevancia, yo creo que la arquitectura hoy está jugando a la estrategia del impacto, ya que no importa nada, hago un sucedáneo: que la obra impacte. Gehry impacta, Koolhas impacta... Una vez Hashim Sarkis -quien es profesor en Harvard- me escribió en una carta: 'me rehúso a pensar que la disciplina de la que yo me ocupo tiene como objetivo último la estrategia del shock, la del impacto'. Yo supongo que la atención a los medios le pide a los arquitectos que impacten, entonces, claro, cuando tu tienes que contestar una pregunta como la de la vivienda social, donde te piden precisión y no espectacularidad, donde te piden irreductibilidad más que despliegue de medios, ahí es donde yo digo seamos relevantes. Yo supongo que esto explica que la vivienda social no forme parte de lo que los arquitectos hacen para llegar al Pritzker o al Croquis" . ( TA con Alejandro Aravena/2004 )
Se nos encargó hacer una torre de vidrio que albergara todo lo que tenía que ver con los computadores de la universidad... Esto tenía 3 problemas: los computadores, el vidrio y la torre
Y la vivienda social ocupa un papel preponderante en la vida profesional de Aravena: es director del 'Proyecto Elemental', un 'doing tank' asociado a la Compañía de Petróleos de Chile (Copec) y la Universidad Católica, que está diseñando y construyendo conjuntos de vivienda de bajo costo en Chile con el objetivo de innovar y ejemplificar… de ser relevantes.
Su arquitectura sobresale por la cuidada composición plástica de sus volúmenes 'elementales' que se imponen con fuerza respetuosa al contexto. Entre sus obras más conocidas contamos la sede de la Escuela de Medicina, de la Universidad Católica de Chile, en Santiago; la ampliación de la Facultad de Matemática y la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica y el Colegio Huelquén Montessori. Entre las viviendas individuales se destacan la Casa Pirehueico y la Casa para una escultora. En la actualidad está construyendo el Parque Metropolitano de las Artes de Chile, acaba de ganar el proyecto de los nuevos dormitorios, comedores y estacionamientos -30.000 m2- de la Universidad de St. Edwards en Austin, Texas, que se finalizarán en 2008, tareas que comparte con su actividad docente en las universidades Católica de Chile y Harvard.
El edificio tecnológico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dedicado a las ciencias de la informática y a la investigación, parte de tres requerimientos del cliente: en primer lugar, preguntarse por el tipo de arquitectura que requiere el espacio educativo ahora que hay computadores. En segundo lugar, había que resolver ese programa en un edificio con tipología de torre y en tercer lugar, se pedía que asa torre fuese vidriada. La resultante fue un edificio cuya volumetría resulta novedosa (la estructura presenta un quiebre en su parte superior generando la sensación de dos torres siamesas) e imponente, presencia que no se opaca ni ante el majestuoso marco que le ofrecen los Andes a la distancia pero que, sin embargo y aunque parezca contradictorio, resulta un edificio 'amigable' como consecuencia de haberse 'partido' su volumetría y de las rampas y basamento, de dos plantas de altura, recubiertas con durmientes de ferrocarril y que conforman la cubierta de los edificios anexos.
Al enterrar la placa de la torre, se facultó el uso público de los pisos por encima de la misma, reduciendo la necesidad de aberturas a un mínimo.
La construcción de un edificio totalmente vidriado se resolvió mediante el uso de una doble piel que aprovecha el efecto chimenea (o cámara de aire ventilada) que genera el espacio abierto entre ambas. Para que este recurso cumpla su función, el muro cortina comienza unos ochenta centímetros por encima de los edificios anexos, de un piso de altura, que se encuentran unidos a la torre principal. Ese espacio de 80cm funciona como una toma de aire. Para evitar encerrar el aire caliente contenido entre ambas pieles, se facilitó su salida al exterior por la parte superior del edificio. La doble piel se construyó con una capa exterior de cristal templado sostenida por una estructura de acero perimetral. La piel interior fue realizada en fibrocemento y vidrio. Esta piel interior se fija con anclajes a la estructura de hormigón armado del edificio.
Por último, la proporción de torre, no resultó una tarea fácil dada la escasa superficie total del programa: "El presupuesto disponible no alcanzaba para conseguir un edificio con la imagen de torre que se nos pedía. Comenzamos a desarrollar ideas y generar alternativas, hasta que surgió la propuesta de quebrar la torre en dos a partir del séptimo piso, de tal forma que el volumen se pudiese percibir, desde algunos puntos de vista, más bien como dos edificios en vez de uno -que comparten gran parte de su cuerpo- cada uno de los cuales sí tenga la proporción de torre que nos había sido requerida."
Sin embargo, se trata de un edificio principal único de nueve pisos, con dos subsuelos y dos construcciones anexas compuestas por un primer piso y un subsuelo. En términos constructivos, la torre central se divide en dos cuerpos: las losas y vigas se interrumpen en su parte central, funcionando en forma individual. "Desde el punto de vista sísmico había que tomar en cuenta el desafío que impone este diseño. Pero con las actuales herramientas computacionales para el cálculo estructural, fue posible cumplir con los requerimientos antisísmicos apropiados para este proyecto. Los muros y pilares resistentes son absolutamente perpendiculares al suelo, y la falta de verticalidad de la torre es sólo aparente desde el punto de vista estructural. La forma oblicua se consigue mediante el muro cortina, con una estructura metálica que se apoya en volados de hormigón armado a lo largo de las vigas de los marcos rígidos. Al darles diferentes longitud a estos volados, se produce la forma oblicua final de las fachadas" (Luís Soler, ingeniero calculista de la obra a Revista BiT).
El producto es un edificio que; basado en las premisas clásicas de base, que genera una suerte de 'piano nòbile'; cuerpo; y coronamiento (aunque bicéfalo); resulta innovador, desde el diseño, y absolutamente contemporáneo.
"Se nos encargó hacer una torre de vidrio que albergara todo lo que tenía que ver con los computadores de la universidad.
Esto tenía 3 problemas: los computadores, el vidrio y la torre.
La pregunta que nos hacía la universidad era si en la actualidad, que contamos con computadores y necesariamente va a cambiar la manera de enseñar e igualmente las tipologías arquitectónicas que usamos para espacios educativos; nos preguntaban: ¿tiene sentido todavía hablar de "salas" ahora, que estamos ubícuamente conectados?
El tema de los computadores tiende a basarse en una fe, un poco desmedida, en que ellos van a cambiar radicalmente nuestra vida. Eventualmente lo han hecho y lo seguirán haciendo, pero queríamos poder dudar de si, efectivamente, se produce algún cambio. Nuestra respuesta se dividió fue: 'Si… y no'.
No cambia, porque nada va a reemplazar a la más arcaica y efectiva manera de transmitir conocimiento de una generación a otra, que es por medio de buenas conversaciones entre personas (da igual que sea entre maestro y discípulo o entre estudiantes) a la sombra de un buen árbol, o compartiendo un buen café o encontrándose, al paso, en un buen corredor. Creemos que la manera más convencional de enseñar está cautelada por las normas (iluminación, visión, acústica). En cambio al aprendizaje informal no lo cuida nadie y nos pareció que ahí había oportunidad de proyecto. Para ello pensamos que la placa de la torre podía asumir la forma de planos inclinados de madera en los cuales echarse entre horas de clases, a tomar el sol, o la sombra de la propia torre o del parque, según fuese la época del año. El espacio de nueve alturas entre la torre de cemento y la de vidrio lo concebimos como la magnificación de la conversación de pasillo. Y en ese sentido, no sólo nos parecía que el aula da los mismo si cambia o no, si no que, lo que debíamos era movernos tan atrás como fuera posible (en vez hacia delante) hacia formas primitivas de ser y estar.
Donde sí nos pareció que había un cambio era en el paradigma del buen lugar de estudio y de trabajo, el cual es normalmente visto como un lugar bien iluminado. Ahora, que hay computadores, de lo que se trata es de construir una buena penumbra que elimine el molesto reflejo sobre las pantallas. La luz no debe llegar a nuestros escritorios, porque sale desde ellos. Por ello enterramos la placa de la torre (lo que nos permitió usarlas por arriba públicamente) y para ello redujimos las aberturas de la torre a su mínima expresión.
El segundo problema consistía en que, hacer una torre de vidrio en Santiago, implica hacerse cargo del efecto invernadero. El presupuesto disponible no nos permitía comprar un muro cortina que fuese capaz de resolver, de una vez, todo el conflicto (vidrio doble, cara exterior reflectante, vidrios pigmentados). Y aún, cuando hubiésemos podido pagarlo, una piel de vidrio igual obliga a un gasto muy alto en equipos de aire acondicionado. Por último, el vidrio espejo no nos atraía demasiado como material para la fachada.
Entonces, en vez de pensar en una piel que hiciera todo el trabajo (resistir a la intemperie, la lluvia, la contaminación, el envejecimiento, regular la luz y controlar las pérdidas y ganancias energéticas), cuestión que cuesta US $120/m2, pensamos que sería más económico hacer varias pieles, y que cada una fuese buena para una cosa a la vez. Así fue como proyectamos una piel exterior de vidrio corriente, muy mala para el control energético, pero excelente para resistir el polvo, la lluvia y el envejecimiento.
Más adentro proyectamos un edificio de fibrocemento, muy malo para resistir a la intemperie, pero muy bueno desde el punto de vista térmico. Entre ambos: aire. Todo lo que había que hacer era evitar que el efecto invernadero, que se generaba detrás del primer edificio de vidrio, llegase al segundo edificio de fibrocemento. Para ello dejamos que el espacio entre los dos edificios se comportase como una chimenea perimetral que, por medio de la convección, dejase salir el aire caliente por arriba. La piel de vidrio no llega al suelo, dejando entrar aire fresco en la base; un 'viento' vertical, el cual es acelerado por el efecto Venturi en los "acinturamientos" de la torre, sale por una superficie equivalente dejada en la parte superior. La suma de cada una de estas pieles, que hacen una cosa a la vez, fue de US $90/m2, un 30% más barato que el producto de línea, lo que nos permitió entrar en costo.
Por último estaba el problema de conseguir una torre: la superficie con que contábamos era sólo de 5000 m2. Por más que achicáramos las plantas para obtener una proporción vertical, la forma resultante era más bien "gorda" o de contextura gruesa, por decirlo de alguna manera.
Lo único que se nos ocurrió entonces, fue partir el edificio en dos a partir del séptimo piso. Cada una de las partes resultantes fue construida usando perfiles de aluminio de distinto color, los cuales prácticamente carecían de espesor. Buscábamos que frontalmente el edificio se leyese como un único volumen bicéfalo, pero que, en escorzo, dada la diferencia cromática de los perfiles, se pudiese leer como dos torres, cada una de ellas efectivamente verticales, las cuales compartían gran parte de su cuerpo, como si se tratara de estructuras siamesas."
Las torres siamesas generaron en Santiago opiniones encontradas. Así como 'llovieron' los elogios, muchas fueron las críticas, resulta difícil a la distancia determinar en qué porcentajes, pero estas se pueden resumir en que el edificio carece de una identidad local, que no respetó el entorno del campus en el que fue construido y que hubo una preocupación mayor por el diseño que por el usuario. Consultado por TA, Alejandro Aravena respondió:
"Sobre las criticas... nada más ajeno a mi estilo, el que no me importe el cliente. De hecho es casi mi pura tarea en vivienda social. Habrás notado, por lo que expreso en mis respuestas a tus preguntas, que muchas de las decisiones del proyecto no son agendas personales de los proyectistas, sino encargos específicos del cliente. No son premisas, sino datos de la ecuación.
Este edificio no es más malo que otros que he hecho, pero generó un nivel de tirria e irritación que creo que exceden al edificio mismo... creo que la memoria del edificio es suficientemente clara para mostrar que nunca nada más alejado de nosotros el no tomar en cuenta al cliente o al usuario.
No te puedo negar que me duele la crítica, y ya eso demuestra que me importa como se viva el edificio. Pero yo siempre trato de 'crear' lo más tarde posible, buscando sólo cargar la ecuación con todo lo que venga al caso (presupuesto, programa, cliente, clima, estructura, lugar) para, sólo entonces, ver que hacer.
Sobre lo de la identidad, me parece que es un problema idiota y falso. Es idiota porque es intelectualmente poco fino (ideota, idea gruesa) porque el verdadero problema es la pertinencia. Los edificios deben ser pertinentes. Los antiguos nunca se preguntaron por la identidad, sólo tenían técnicas muy restrictivas que no les daban mucho margen a la arbitrariedad, hoy, con una tecnología que nos permite hacer casi cualquier cosa, de lo que se trata es de identificar lo que viene al caso, lo pertinente".
Alejandro Aravena Mori se graduó en 1992 en la Universidad Católica de Chile y, desde 1994, trabaja de manera independiente. Realizó estudios de postgrado en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia y de grabado en al Academia de Bellas Artes de Venecia. Es Profesor en la Universidad Católica de Chile desde 1994 y en la Universidad de Harvard desde 2000. Su trabajo profesional ha sido premiado en diversas ocasiones: Venice Prize de la Bienal de Arquitectura de Venecia (1991), Seleccionado finalista del Premio Mies van der Rohe (Barcelona 2000), XII Bienal de Arquitectura de Santiago (1er Premio), Bienal de Arquitectura e Ingeniería Iberoamericana (accesit), fue elegido entre los '10 Design Vanguard Architects 2004' por Architectural Record y acaba de ser galardonado con la Medalla de Arquitectura 2006, de la Erich Schelling Foundation en Alemania. Ha sido publicado en Casabella (Italia), Arquitectura Viva y VIA (España), Arquine (México), Summa+ (Argentina), ARQ (Chile), Phaidon World Atlas of Contemporary Architecture (Inglaterra); 10 x 10 II de Phaidon y, más recientemente, en A+U (Japón), Monitor (Moscú) y ICON (Londres). Ha dictado conferencias y ha sido profesor invitado en diversos lugares, entre ellos en el Colegio de Arquitectos de Cataluña, Archilab 2001 en Orleans, el IUAV de Venezia, el World Bank y el Banco Iberoamericano de Desarrollo en Washington. La Universidad de Harvard realizó una gran retrospectiva sobre su obra. Es autor de varios libros, entre ellos Los hechos de la arquitectura (Ed. ARQ 1999, reeditado), El Lugar de la Arquitectura (Ed. ARQ 2002) y Material de Arquitectura (Ed. ARQ 2003). En 1999 participó del Visiting Teachers Program de la Architectural Association de Londres. En 2000 fue elegido el mejor arquitecto menor de 35 años por el Colegio de Arquitectos de Chile y en 2002 fue nominado como uno de los 25 arquitectos más promisorios del mundo por la Fundación Rolex en Suiza y elegido como el mejor arquitecto menor de 45 años por los estudiantes de arquitectura de Chile. Ha participado en todas las versiones del seminario "El Chile que viene" de la fundación Expansiva y el CEP.
Clemt dijo: Un proyecto sumamente interesante, a simple vista es notable que un proyecto como este no corresponda con su entorno y no sea una propuesta de integracion, sin embargo un proyecto como este tiene su valor en si mismo y puede ser evaluado como tal...Resulta ingenioso y captura la atencion hacia una arquitectura bella e innovadora...
TA Revista agradece sinceramente al Arquitecto Alejandro Aravena Mori por su gentiliza en remitir la información solicitada para la elaboración de este artículo. Redacción, adaptación de textos y edición de imágenes Arquitecto Carlos A. Costamagna. Compaginación y edición general Arquitecta Laura Herrera.
Alejandro Aravena_Arquitecto
El Comendador 1916
Providencia, Santiago - Chile